Por: Emilio Guerra Díaz
En el Día Internacional del Voluntario como reconocimiento y agradecimiento a los miles de voluntarios mexicanos que participan en labores de interés público.
Con frecuencia imparto talleres sobre voluntariado por varios estados de la República, sobre cómo convocarlos, cómo constituir un programa institucional para una organización sin fines de lucro, cómo reconocer su aporte y cómo agradecer su trabajo. Incluso también he tenido la oportunidad de impulsar y asesorar programas de voluntariado corporativo, es decir, personal de empresas que son organizadas por su corporación e invitados a participar en actividades de interés público. Dentro de estas actividades de capacitación y asesoría me gusta mucho recurrir pedagógicamente a una importante sentencia: “Los voluntarios cambian vidas, los voluntarios salvan vidas”.
Si lo dudamos, basta ver el aporte de los socorristas de la Cruz Roja rescatando a una persona de un accidente automovilístico, brigadistas de salud de la Secretaría homónima para vacunar a infantes y prevenir que adquieran una enfermedad que los incapacite o deteriore su calidad de vida; mujeres que literalmente rescatan a otras y a sus hijos de una relación amorosa tormentosa donde han sido golpeadas, etc.
Miles de voluntarios participaron en la campaña de procuración de fondos de Teletón del fin de semana pasada pese a encontrarse con algunos sectores críticos inmisericordes de esta causa (como decía Héctor, del noticiero de W Radio en la mañana del viernes, “ojalá nunca requieran de los servicios de esta organización”).
Miles de voluntarios reforestan nuestros bosques para que estos nos provean de oxígeno y agua. Otros voluntarios atienden a adultos mayores y personas en desamparo. Otros más están involucrados y comprometidos con impulsar conocimientos en grupos para “empoderarlos”, es decir, que cuenten con medios para transformar su propia condición adversa y puedan salir adelante con un plan de vida y generando sus propios recursos económicos.
Sin embargo, desafortunadamente aún no existe un aprecio generalizado en nuestro país del aporte del voluntariado tanto para la comunidad, las organizaciones en las que prestan sus servicios como también en los beneficiarios y los beneficios que obtienen las propias personas al ser voluntarias.
Hoy, en el Día Internacional del Voluntario, deseo compartir que además de cambiar y salvar vidas éstos juegan un importante papel económico: movilizan recursos de quienes tienen para destinarlos a quienes les hacen falta, con su aporte han creado miles de organizaciones filantrópicas en todo el mundo, donde México no es la excepción, y ofrecen servicios fuera de la esfera del sector gubernamental y del empresarial. Están detonando el desarrollo de la economía no lucrativa, que también poco se comprende plenamente, para generar bienes y servicios que son proporcionados desde una organización privada pero que tienen fines públicos.
Centenas de consultorios y dispensarios médicos, casas cuna, albergues, clínicas y hospitales, escuelas y universidades, forman parte de esta economía donde un rasgo excelso consiste en que no son propiedad estatal ni privada para el lucro. Son propiedad “social” administrados por particulares donde no se busca tener lucro o ganancias sino operar eficientemente para seguir contando con recursos para su funcionamiento y otorgamiento de servicios para grupos de población que no tienen acceso a servicios privados o públicos.
Los voluntarios andan por todas partes, con todas las causas y con entrega y pasión contagiantes. Así los puedes ver en actividades medio ambientales, de salud, bienestar, cívico sociales, de derechos humanos, educativas, asistenciales, educativas, artísticas y culturales.
A menudo cito un ejemplo sobre la participación y aporte de voluntarios en actividades de promoción, difusión y conservación del patrimonio cultural del país. Uno de los mejores casos, lo conforman las asociaciones de amigos de los museos que han brotado en los últimos 25 años a lo largo y ancho del país. Éstas proveen de recursos adicionales para el disfrute y limpieza de zonas arqueológicas. Visite Teotihuacán y verá una zona ordenada, conservada, pulcra y con un Museo de Sitio que es administrado por estas asociaciones sin fines de lucro.
Los Amigos de Teotihuacán ayudan a que los empleados del Instituto Nacional de Antropología e Historia tengan uniformes decorosos, obtengan un mejor salario, mayor reconocimiento a su trabajo; pero también le dan vida al museo y producen y promueven que “consumamos”, en el mejor sentido de apropiación de nuestros bienes culturales, a la zona milenaria patrimonio de la humanidad.
A ti lector te invitamos a sumarte a la gran familia de voluntarios que ya están haciendo la diferencia en su comunidad al pasar de la preocupación a la plena ocupación de una causa social de su gusto. Cuando escojas una causa y empieces a aportar, vendrán muchas coincidencias, el universo se ajustará a tus deseos y buena voluntad y empezarás a recibir satisfactores, la mayoría de ellos intangibles, crearas oportunidades para otros pero también para ti. Todos los voluntarios acaban recociendo y afirmando: “he recibido más de lo que he dado”.
Si te animas visita www.hacesfalta.org.mx donde podrás encontrar oportunidades para iniciar tu carrera profesional como voluntario. Te invitamos a estar pendiente de la próxima ceremonia de entrega del Premio Nacional a la Acción Voluntaria y Solidaria que en la edición 2011 recibirán Alicia Valdovinos Septién en la categoría individual; mientras que Casa de la Sal lo obtendrá en la categoría grupal y Alejandro J. González Huerta en la categoría juvenil.