jueves, 8 de diciembre de 2011

Los voluntarios cambian vidas

Por: Emilio Guerra Díaz

En el Día Internacional del Voluntario como reconocimiento y agradecimiento a los miles de voluntarios mexicanos que participan en labores de interés público.

Con frecuencia imparto talleres sobre voluntariado por varios estados de la República, sobre cómo convocarlos, cómo constituir un programa institucional para una organización sin fines de lucro, cómo reconocer su aporte y cómo agradecer su trabajo. Incluso también he tenido la oportunidad de impulsar y asesorar programas de voluntariado corporativo, es decir, personal de empresas que son organizadas por su corporación e invitados a participar en actividades de interés público. Dentro de estas actividades de capacitación y asesoría me gusta mucho recurrir pedagógicamente a una importante sentencia: “Los voluntarios cambian vidas, los voluntarios salvan vidas”.

Si lo dudamos, basta ver el aporte de los socorristas de la Cruz Roja rescatando a una persona de un accidente automovilístico, brigadistas de salud de la Secretaría homónima para vacunar a infantes y prevenir que adquieran una enfermedad que los incapacite o deteriore su calidad de vida; mujeres que literalmente rescatan a otras y a sus hijos de una relación amorosa tormentosa donde han sido golpeadas, etc.

Miles de voluntarios participaron en la campaña de procuración de fondos de Teletón del fin de semana pasada pese a encontrarse con algunos sectores críticos inmisericordes de esta causa (como decía Héctor, del noticiero de W Radio en la mañana del viernes, “ojalá nunca requieran de los servicios de esta organización”).

Miles de voluntarios reforestan nuestros bosques para que estos nos provean de oxígeno y agua. Otros voluntarios atienden a adultos mayores y personas en desamparo. Otros más están involucrados y comprometidos con impulsar conocimientos en grupos para “empoderarlos”, es decir, que cuenten con medios para transformar su propia condición adversa y puedan salir adelante con un plan de vida y generando sus propios recursos económicos.

Sin embargo, desafortunadamente aún no existe un aprecio generalizado en nuestro país del aporte del voluntariado tanto para la comunidad, las organizaciones en las que prestan sus servicios como también en los beneficiarios y los beneficios que obtienen las propias personas al ser voluntarias.

Hoy, en el Día Internacional del Voluntario, deseo compartir que además de cambiar y salvar vidas éstos juegan un importante papel económico: movilizan recursos de quienes tienen para destinarlos a quienes les hacen falta, con su aporte han creado miles de organizaciones filantrópicas en todo el mundo, donde México no es la excepción, y ofrecen servicios fuera de la esfera del sector gubernamental y del empresarial. Están detonando el desarrollo de la economía no lucrativa, que también poco se comprende plenamente, para generar bienes y servicios que son proporcionados desde una organización privada pero que tienen fines públicos.

Centenas de consultorios y dispensarios médicos, casas cuna, albergues, clínicas y hospitales, escuelas y universidades, forman parte de esta economía donde un rasgo excelso consiste en que no son propiedad estatal ni privada para el lucro. Son propiedad “social” administrados por particulares donde no se busca tener lucro o ganancias sino operar eficientemente para seguir contando con recursos para su funcionamiento y otorgamiento de servicios para grupos de población que no tienen acceso a servicios privados o públicos.

Los voluntarios andan por todas partes, con todas las causas y con entrega y pasión contagiantes. Así los puedes ver en actividades medio ambientales, de salud, bienestar, cívico sociales, de derechos humanos, educativas, asistenciales, educativas, artísticas y culturales.

A menudo cito un ejemplo sobre la participación y aporte de voluntarios en actividades de promoción, difusión y conservación del patrimonio cultural del país. Uno de los mejores casos, lo conforman las asociaciones de amigos de los museos que han brotado en los últimos 25 años a lo largo y ancho del país. Éstas proveen de recursos adicionales para el disfrute y limpieza de zonas arqueológicas. Visite Teotihuacán y verá una zona ordenada, conservada, pulcra y con un Museo de Sitio que es administrado por estas asociaciones sin fines de lucro.

Los Amigos de Teotihuacán ayudan a que los empleados del Instituto Nacional de Antropología e Historia tengan uniformes decorosos, obtengan un mejor salario, mayor reconocimiento a su trabajo; pero también le dan vida al museo y producen y promueven que “consumamos”, en el mejor sentido de apropiación de nuestros bienes culturales, a la zona milenaria patrimonio de la humanidad.

A ti lector te invitamos a sumarte a la gran familia de voluntarios que ya están haciendo la diferencia en su comunidad al pasar de la preocupación a la plena ocupación de una causa social de su gusto. Cuando escojas una causa y empieces a aportar, vendrán muchas coincidencias, el universo se ajustará a tus deseos y buena voluntad y empezarás a recibir satisfactores, la mayoría de ellos intangibles, crearas oportunidades para otros pero también para ti. Todos los voluntarios acaban recociendo y afirmando: “he recibido más de lo que he dado”.

Si te animas visita www.hacesfalta.org.mx donde podrás encontrar oportunidades para iniciar tu carrera profesional como voluntario.  Te invitamos a estar pendiente de la próxima ceremonia de entrega del Premio Nacional a la Acción Voluntaria y Solidaria que en la edición 2011 recibirán Alicia Valdovinos Septién en la categoría individual; mientras que Casa de la Sal lo obtendrá en la categoría grupal y Alejandro J. González Huerta en la categoría juvenil.

Sí deseas, podemos estar en contacto, escribe a arsphilanthropia@gmail.com

viernes, 18 de noviembre de 2011

¿Por qué una Oficina de Desarrollo en lugar de un área de Procuración de Fondos?

Emilio Guerra Díaz

La evolución en la gerencia de organizaciones sin fines de lucro ha motivado a transformar el concepto “área de procuración de fondos”, ya que se piensa que para que las instituciones filantrópicas realicen su trabajo requieren sólo dinero, cuando en realidad disponen de muchos más recursos que obtener para destinarlos al bien común a través de sus proyectos y servicios.

La idea de procuración de fondos se identifica con lo que denomino “efecto Robin Hood”, que se refiere a que parece ser que los procuradores de fondos son personajes cuyo trabajo consiste en “quitarle a los ricos para darse a los pobres”. De esta manera no hay un trabajo que involucre a donantes e instituciones en una relación donde ambas partes ganen. Solo importa el dinero de la gente, no que se sume a una causa social que le apasione y le involucre.

En verdad el “efecto Robin Hood” delinea una forma de trabajo institucional, donde lo primero es buscar dinero, obtenerlo de empresas o personas, gobiernos o agencias de colaboración; participar en todo tipo de convocatorias e incluso ajustar o modificar el trabajo institucional para “cuadrar en los requisitos de un donante”. No importa tanto la actividad sino cuánto se va a recaudar.

Por esta razón muchas organizaciones caen en otro vicio, aceptar lo que sea como donación, total si se reciben bienes que una empresa quiere sacar de inventario como artículos caducos o que se encuentran en mal estado, o que de plano no van directamente a las actividades institucionales ni a los beneficiarios, los procuradores de fondos orientados a esta labor se vuelven comercializadores desviando la esencia de su trabajo, pero justifican la actividad diciendo que “todo suma”.

Por otro lado la fuerza de la palabra está presente en todo donante o potencial donante cuando escucha la palabra “recaudación”. La mayoría de las personas lo asocia con la palabra “impuesto” y el trabajo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para obtener recursos de los contribuyentes. Lo interesante aquí es preguntar sí una persona paga con gusto sus impuestos.

El Procurador de fondos requiere de principios y técnicas para realizar su trabajo. Estos se adquieren fácilmente y afortunadamente existe literatura valiosa en español. Este tipo de profesional necesita conocer las fuentes de financiamiento, pero sobre todo requiere de un equipo que le ayude a realizar esa tarea. Algunos Consejos Directivos o Patronatos perciben que su labor es pagar una capacitación para que alguien en la institución se vuelva Procurador de Fondos y le envían al curso de tal o cual institución esperando que a su retorno, esté preparado para traer “carretonadas de dinero” pero parece que ellos no tienen por qué involucrarse.

En realidad, los mismos consejeros o patronos son parte del equipo de procuración de fondos, al igual que el director general y algunos voluntarios que reciban capacitación para ese trabajo. Pero todos tienen que trabajar bajo un liderazgo que va mucho más allá de los principios y técnicas de procuración de fondos.

El avance más sustancial para cambiar un área de procuración de fondos a una Oficina de Desarrollo tiene que ver en el potencial que una institución filantrópica representa para con la comunidad. Primero, la oportunidad de valorar el aporte de su institución a la comunidad, es decir, encontrar soluciones dignas a problemáticas sociales insuficientemente atendidas por el gobierno o por el mercado.

Segundo, involucrar a más personas para que sean donantes, es decir, crear cultura de la donación. Tercero, mostrar que el dinero es necesario pero no es lo más importante, porque la relevancia reside en la causa social en la que se trabaja. Cuarto, una persona puede donar más que dinero, tiene la posibilidad de dar parte de su tiempo (voluntario), su talento (mentor), recursos materiales y dinero (benefactor).

Conjuntar los recursos que cada persona puede dar, permite formar un corpus integral al que se enfocan las oficinas de desarrollo. De esta manera una oficina de desarrollo moviliza recursos a favor de una causa social, recordando éstos: tiempo, talento, habilidades y destrezas, hobbies y actividades de interés o recreativas, recursos materiales y dinero.

Una oficina de desarrollo entonces, se encarga de trabajar la sostenibilidad de la asociación que, como vimos, es mucho más amplio que procurar fondos. Las instituciones que se apoyan en el concepto de procuración de fondos batallan cuando solicitan, dan seguimiento o administran donativos porque ponen énfasis en la búsqueda de dinero en lugar de poner al frente la causa social por la que trabajamos. En la procuración de fondos se solicitan donativos, con la Oficina de Desarrollo la institución busca inversionistas sociales. En el primero los indicadores son cuantitativos, en la oficina de desarrollo los responsables construyen con indicadores cuanti-cualitativos y descriptores el léxico del valor agregado del trabajo de la institución que transformó vidas, muestra pues, el retorno de inversión para los inversionistas.

Se llama desarrollo institucional porque además de ayudar al crecimiento de la asociación, involucrando también al personal remunerado velando por su constante capacitación y desdoble de habilidades. Pero también trabaja para el desarrollo de donantes, es decir, enseña a los bienhechores a dar cada vez más con la satisfacción de que la organización tiene logros y avances y que ellos forman parte de ese triunfo.

La institución bajo la óptica del desarrollo institucional es un medio para ayudar a que el público en general canalice su deseo de ayudar, se sume, participe cívicamente. Encuentre asociaciones que le ayudan a atender sus inquietudes. En la procuración de fondos a menudo la institución es un fin, lo que se refleja en argumentos de solicitud de donativos que hacen énfasis a frases como: “es que mi institución necesita”, “si no logramos la meta financiera no podemos pagar salarios…”, “le pido me ayude, le pido me dé…”.

En una oficina de desarrollo se movilizan recursos. Permite abastecer a la institución de talento para formar un consejo directivo, de voluntarios para apoyar los programas, de personal capacitado y con actitud profesional para que realice su trabajo. Adicionalmente, el líder de la oficina de desarrollo delinea estrategias sobre cómo involucrar a los beneficiarios en la solución institucional propuesta. Entiende por lo tanto que la subsidiaridad es temporal pero que tiene que ser recíproca. Por ello desde la Oficina de Desarrollo se alienta el trabajo comunitario bien organizado.

En México se han dado casos de éxito en la transición de un área de procuración de fondos a crear una Oficina de Desarrollo, uno de ellos lidereado por Adalberto Viesca (q.e.p.d.) en la Universidad de Monterrey que a partir de un consejo supo generar recursos suficientes en calidad y cantidad. Otro ejemplo es el de nuestra colega Anette Candanedo que creó una Oficina de Desarrollo para El Colegio de México.

La Oficina de Desarrollo además de conocer las técnicas de procuración de fondos y aplicarlas, es responsable de la base de datos de donantes, desarrolla la habilidad de crear proyectos e identifica las necesidades de los donantes para poder involucrarlos en forma más efectiva. Sustenta su trabajo en generar también una plataforma de comunicación que llamo transversal y, asegura que su trabajo y el del equipo, cree un círculo virtuoso para atraer a más personas a la institución.

Una oficina de desarrollo contribuye además a institucionalizar las relaciones personales de los consejeros o fundadores de las instituciones. Es decir, vela porque se construya un patrimonio de la organización, no de las personas. Atesora también la contribución de las personas y prepara a la organización para reconocer a través del tiempo a los fundadores. Permite que estos trasciendan en el tiempo precisamente por consolidar una institución que continúa trabajando más allá del esfuerzo personal.

He aquí un testimonio práctico de Jessica Carranza Lecroix, Directora de Desarrollo Institucional de la Fundación Origen, donde se muestran las ventajas del cambio de nomenclatura:

“El área de Desarrollo Institucional es el eslabón que une a los programas y las áreas de servicio de la organización con todos los públicos de la misma. Implica mucho más que sólo la búsqueda de dinero, es el eje que impulsa el crecimiento y la sostenibilidad de la misión de trabajo. Este departamento tiene en sus manos la responsabilidad de mantener informada a toda la comunidad que cree en nuestro trabajo, a cada donante sobre el destino que sus aportaciones tiene y los resultados e impacto con ellas estamos alcanzando.

“Desarrollo Institucional significa impulso, crecimiento, promover el trabajo, la causa, la filosofía, la ideología, los valores institucionales a la sociedad; suministrar energía a cada uno de los mecanismos que trabajan en sinergia para que los objetivos se cumplan diariamente. Es el centro de formación de voluntarios, de promotores, de empresas que quieren apoyar y buscan cómo hacerlo; la comunicación constante y el cultivo diario que lleva más allá de las paredes que sostienen a la institución, la pertinencia del por qué seguir existiendo.

La oficina de Desarrollo Institucional busca el fortalecimiento de la organización, es el vínculo entre el Consejo o Patronato con el personal de operación; es el área que logra poner en comunión a todas las personas que se involucran con la organización en un mismo lenguaje, en un mismo sentido, caminar con una misma visión y en la misma dirección. Al lograr esto, la obtención de recursos se dará de forma fácil y automática”.

Finalmente, otra ventaja adicional de contar con una Oficina de Desarrollo, es que el área sistematiza también la memoria de la institución, congrega las fotografías, materiales promocionales, códigos de conducta, políticas e historias personales para agradecer a todos los que se han involucrado a través del tiempo con la organización. Como se ha comprendido la procuración de fondos es una parte integral de la Oficina de Desarrollo, pero ésta es todo un horizonte de crecimiento profesional.