lunes, 28 de mayo de 2012

Capital social


El sector filantrópico de cualquier país genera y contribuye al engrandecimiento del capital social de su comunidad, fungiendo como recursos adicionales a los públicos y privados para el desarrollo social. No sólo el financiamiento de las fundaciones empresariales es fundamental para este fin, sino todo el trabajo voluntario más los bienes y servicios que ofrecen todas las organizaciones filantrópicas forman parte del capital social cuya utilidad pública es atender necesidades sociales y brindar alternativas de atención comunitaria.

Definir al capital social en toda América Latina ha resultado una tarea además de apasionante, harto compleja. Aún no existe una definición amplia que satisfaga las variadas perspectivas y énfasis que cada autor o investigador desea exaltar como atributo de aquel.  Algunos ponen atención en la acción ciudadana como tal, a la participación de particulares en los asuntos públicos (y desde luego en los políticos), para ellos contar con un mayor capital social significa mayor independencia del sector ciudadano respecto al público y al privado.

Para otros, el capital social es resultado del desarrollo de la económica no lucrativa, esto es, la convivencia de una serie de bienes y servicios que se dan en la lógica del mercado y que pueden ser ofrecidos por el sector público o privado pero conviven con los que ofrecen las organizaciones civiles que no buscan ganancia alguna pero sí resultan ser medios para la atención de necesidades ciudadanas que son descuidadas o poco abarcadas por los otros sectores porque no son políticamente atractivos o rentables económicamente hablando.

La variedad de definiciones de capital social se refleja incluso cuando se busca explicarla desde el punto de vista cultural. Una serie de elementos confluyen para enriquecer y tener definiciones sobre lo que es. Si se aborda la tradición europea (e incluso la norteamericana) emergen como elementos fundamentales para la explicación del capital social, la influencia de las distintas corrientes religiosas. Para algunos sociólogos el protestantismo jugó un papel determinante y diferenciador del desarrollo de la filantropía y la participación ciudadana en asuntos de interés comunitario y público.

Desde la óptica latinoamericana, las formas comunitarias de organización ciudadana y su relación con el poder determinaron la creación de bienes públicos. Así la Iglesia fue protagonista en proporcionar satisfactores como educación, instrucción, preparación de oficios, etc. El algunos países coexistió con el poder, en otros se busco supeditarla, pero nadie puede negar su gran peso en la creación y desarrollo de iniciativas filantrópicas.

Otros estudiosos del tema, en su intento por definir capital social, convocan a las aptitudes y actitudes sociales, culturales y psicológicas que tienen los ciudadanos respecto a lo público, en el juego conceptual de que “lo público” es de todos, el resultado es que entonces “no es de nadie” y por lo tanto los ciudadanos lejos de ser custodios y generadores de más bienes públicos través del trabajo asociado, solo se quedan como espectadores y demandantes al gobierno de satisfactores sociales argumentando que es obligación del estado (exclusivamente) brindarlos.  Se tienen así sociedades pedigüeñas, pasivas y demandantes lo que les hace terreno fértil para la siembra y cosecha de liderazgos basados en el populismo y por consecuencia, se distorsiona la idea que tienen estos individuos respecto a la participación en lo público.

En fin, como se puede advertir, definir capital social es un reto muy atractivo, complejo y apasionante. Sin embargo para fines de este artículo brindaremos una definición que nace desde la perspectiva del aporte del sector filantrópico, lo cual desde luego ya establece un sesgo, pero tiene fines prácticos y didácticos.

Entendemos por capital social todos aquellos bienes y servicios que nacen de la participación ciudadana organizada (donde el voluntariado es fundamental) en instituciones sin fines de lucro que complementan a los que son proporcionados por los sectores público (gobierno) y privado (empresas) y que tiene su propia lógica, basados en la economía no lucrativa pero que genera una serie de medios que contribuyen a que las comunidades cuenten con un patrimonio alterno cuyo objetivo es que continúe con su reproducción para presentarse como una alternativa frente a los otros dos sectores.

La falta de reflexión respecto al capital social en nuestro país, sobre cómo se generar, cómo se reproduce, cómo se alienta y qué beneficios reporta, ha originado que gran parte de las instituciones que son protagonistas de su creación, poco valoren su trabajo y sus alcances. Así, el sector público las considera actividades económicas marginales, por un lado; y desde la misma actividad filantrópica se diluye la visión de futuro y los cambios sociales que puede provocar para estimular la participación ciudadana en los asuntos de interés colectivo.

De una manera pragmática, la idea de progreso en conjunto con el capital social nos señala que alguien en el pasado realizó una serie de acciones sociales que como consecuencia se tiene que las generaciones de hoy disfrutan de esos bienes públicos y que algo tendrían que hacer para que mañana se incrementen, se aquilaten y participen para crear más y contribuir a mejorar la calidad de vida. Este tipo de capital revela sus rasgos fundamentales en el hecho de que pertenece a todos pero se administra desde particulares con una dimensión pública. Es un “patrimonio social”. 

Por lo anterior, en este artículo se estima fundamental la participación ciudadana en forma organizada a través del voluntariado (que es el germen del capital social)  mediante su colaboración con organizaciones filantrópicas para complementar el esfuerzo público (de gobierno) y los servicios del sector privado (empresas lucrativas).

Cómo se observa el capital social complementa al público y al privado y en su dimensión social, es necesario para el desarrollo social pues se nutre de una diversidad de enfoques para contar con distintas metodologías (incluso opuestas) para abordar problemáticas sociales que acaban alentando la tolerancia y participación democrática fuera de la esfera tradicional de la política. Gracias a que el ciudadano se deja de ver “súbdito”, “pueblo”, “masa” y asume un papel de colaboración, es como va el sector social se va desarrollando y gana autonomía frente a los otros sectores como consecuencia crea mayores bienes, mayor capital social.

Así, se está en posibilidad de comprender que las fundaciones empresariales tienen una función social y fungen como “un puente” entre la economía lucrativa de la corporación que la ha creado y la no lucrativa en la que trabajan las organizaciones filantrópicas. Por ello se hace necesario que aquellas trabajen con visión de ida y vuelta. Su papel como financiador de proyectos se enriquece cuando los consejeros  están pendientes de que la inversión social modifique, cambie o independice las iniciativas ciudadanas, aunque no lo dicen así, están interesados en crear mayor capital social.


Desde el Consejo Directivo

Este domingo en las calles de la Costera de Acapulco se llevó a cabo la caminata de 5 y 10 kilómetros a favor de la Asociación Mexicana de Lucha contra el Cáncer, la cual tuvo gran convocatoria y participación. Residentes y turistas corrieron o caminaron para apoyar esta causa.  Honda apoyó con los vehículos de la avanzada de la carrera.

¿Pueden las Fundaciones Empresariales contribuir a disminuir los sobornos a autoridades públicas?


El caso de Walmart ha destapado diversos comentarios y en una plática de sobremesa un amigo me hizo ese cuestionamiento ¡Puede una fundación empresarial contribuir a quitarle esas presiones a las empresas?

Una nota periodística señala que ciertas empresas “ven dañada su reputación por pagar sobornos y sacar adelante sus negocios”.  El presidente Calderón expresó hace unos días que se sentía “indignado” con la actitud de la empresa Walmart. Pero para bailar, se necesitan dos. Yo, hoy como muchos, también nos sentimos indignados pero sobre todo con las autoridades públicas.  

No es propósito de estas líneas defender a ninguna empresa, sino más bien tratar de sacar del círculo de confort a quienes como autoridad pública deberían estar trabajando para facilitar procesos que generen empleo que tanta falta hace para los mexicanos y disminuir aquellas nefastas prácticas.

Felipe Calderón llegó a las elecciones de hace 6 años con el mote promisorio de que sería el “presidente del empleo” y para lograrlo había que facilitar los procesos de apertura de negocios, de expansión empresarial a todos los niveles, micro, pequeña, mediana y gran empresa. Una de las principales banderas que debiesen a mi juicio enarbolar era precisamente crear condiciones para aperturar negocios lo más rápidamente posible, cerrando el paso a cualquier tentación.

Quienes crean empleos son los empresarios. Desafortunadamente otras ocupaciones distrajeron al presidente Calderón de trabajar en ese propósito y las empresas en México enfrentan, al igual que ciudadanos en diversas actividades, los obstáculos que se ponen y que toman forma de diversos trámites, muchos de ellos exageradamente largos, complicados y absurdos (los habitantes del DF vivimos recientemente la lata de tramitar la renovación de la tarjeta de circulación con chip que condicionó la exención del pago del impuesto de la tenencia vehicular. Nuevo trámite, nuevas posibilidades de corrupción. Incluso, recuerde el lector que la licencia vehicular permanente fue cancelada por la actual administración). La ausencia de una simplificación administrativa ha sido condición y la base para que germinen las prácticas de corrupción presentes en todos los gobiernos y a todos sus niveles y desde luego, de cualquier partido político. Ninguno se salva.

Algunos analistas políticos (por ejemplo los que participan en “El Centro del Debate”, canal 4, domingos 11:00 horas), señalan con justa razón que lamentablemente los escándalos de corrupción que salen a la luz no son resultado de una concienzuda investigación y labor de escaneo de nuestras autoridades, sino que han venido del exterior. Sólo dos casos ejemplifican esto: El caso de la Comisión Federal de Electricidad (Néstor Moreno Díaz) y el caso Walmart; ambos señalados desde Estados Unidos, el último de ellos por The New York Times.  Lo que revela que en nuestro país no se hace la tarea.

Parte de la autoevaluación que hacen las empresas para considerar si su actuación es socialmente responsable tiene que ver con las prácticas de Gobierno Corporativo, donde se incluyen código de ética, relación con grupos de interés y prácticas anticorrupción, mismas que se enfatizan también dentro del Pacto Mundial. Pero en diversas ocasiones el mundo real, los escollos erigidos y la falta de rapidez de actuación en los mecanismos para denunciar que se han desarrollado en la Secretaria de la Función Pública, perpetúan estas prácticas. Que yo sepa la expansión de Walmart se ha dado en diversos estados de la república bajo el gobierno de los 3 principales partidos políticos.

Ahora bien, ¿cómo podrían ayudar las fundaciones empresariales al negocio en relación a las prácticas anticorrupción?

Conozco un caso ejemplar de disminución prácticas de corrupción de una fundación empresarial, de quien no tengo autorizado revelar nombre ni detalles, pero que en su afán de mejorar condiciones de los servicios públicos que ofrecían a sus clientes se requerían de permisos y acción directa de autoridades municipales, pero pedían una gratificación por adelantado para negociar con el cabildo a fin de obtenerla firma necesaria y los permisos para empezar los trabajos.

La fundación intervino y luego de analizar el caso, propuso a las autoridades superiores establecer una alianza ganar-ganar donde se pedía el favor de liberar los permisos pues en última instancia la comunidad sería la beneficiaria. Las autoridades intervinieron y resolvieron los trámites sin recibir beneficio económico alguno. La fundación empresarial en cambio,  acabó por invertir un monto similar a la “atenta solicitud de aquella gratificación” en proyectos sociales.

Bien administrada y sobre todo involucrada en las necesidades del negocio, una fundación empresarial resulta ser un gran aliado contra esas tentaciones. 


Desde el Consejo Directivo

Novartis celebró el pasado 27 de abril a nivel mundial el Día de la Solidaridad. La firma estimuló la participación de colaboradores de 54 países para ser voluntarios para faenas de saneamiento ambiental, actividades medioambientales y culturales. Los voluntarios españoles fueron los más activos del total de 25 mil personas de todas las naciones que se involucraron, mientras que México, según los datos periodísticos, sumó 150 colaboradores. Da gusto ver que las actividades del voluntariado corporativo van en aumento. 

¿Cuántas Fundaciones Empresariales hay en México?, ¿Por qué no hay más?


El periódico El Economista publicó la semana pasada una nota de interés para el tema de Responsabilidad Social Corporativa y el desarrollo y crecimiento del sector fundacional en el país. En ella se anotaba que especialistas habían coincidido que el tema de la Responsabilidad Social Corporativa no está francamente presente en la agenda de las campañas políticas de los 4 candidatos a la presidencia de la República, que no lo habían hecho explícito en el debate que sostuvieron. Afirman, además con razón, que ni siquiera la RSC aparece en las plataformas de los partidos.

Apostar a crear confianza

Una responsabilidad de cualquier gobierno independientemente de su orientación ideológica sería fortalecer tanto al sector empresarial como al ciudadano. Hemos visto desfilar en la administración pública a distintos políticos de todos los partidos y aún cuando no podemos tener el arrebato de incluirlos a todos en la misma actitud respecto al sector filantrópico, sí hay coincidencias y particularidades.

Dentro de las coincidencias, los funcionarios públicos estiman que el sector filantrópico representa una actividad marginal. Lo es, pero no por que esa sea su naturaleza, es pequeño justo por la ausencia de un marco legal y fiscal promotor. Es marginal porque no hay una corresponsabilidad entre el número de instituciones y los 113 millones de habitantes.

Otra coincidencia es que muchos administradores públicos estiman, seguramente por desconocimiento, que “las organizaciones filantrópicas desvían” recursos (vía donativos) que deberían de llegar a las arcas hacendarias. No consideran que la existencia de organizaciones filantrópicas además de ser recursos adicionales, también generan distintos impuestos, pero sobre todo generan empleos formales.

También se coincide en pensar que la filantropía y los programas de responsabilidad social corporativa tienen una inspiración primordialmente asistencial, cuando no se observa la parte de desarrollo que es fundamental para apoyar e impulsar a las comunidades. La filantropía de desarrollo busca dotar de herramientas, habilidades y conocimientos para que la gente se parte de la solución y sea capaz de ser independiente.

Existen diferencias partidistas respecto a la filantropía. Así por ejemplo, a reserva de que mi comentario no sea considerado como una generalidad, muchos militantes perredistas declaran que el sector filantrópico no debería existir pues ciudadanos a través de esas acciones están sustituyendo las responsabilidades que debiese asumir sólo el estado.

Para algunos miembros del blanquiazul (y nuevamente pido disculpas si se piensa que deseo caer en la tentación de generalizar), la filantropía es deseable siempre y cuando no represente un poder en si mismo y no sean demandantes de recursos públicos, porque los que ya existen, no alcanzan para todo.

Sobre la trayectoria del Partido Revolucionario Institucional en su relación con la filantropía y otros movimientos ciudadanos independientes, recordará el lector que la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, tuvo como misión corporatizar a todas las instituciones, colegios de profesionistas, sindicatos, asociaciones vecinales, comunitarias, etc. al partido para facilitar su maniobra y control político.

Por lo anterior, es fácilmente comprensible que no existe una promoción de estado para la creación, mantenimiento e incremento de la confianza pública en el sector filantrópico.

Algunos temas de interés para la sociedad civil y para la empresa en materia de RSC que deberían estar incluidos en el interés de los políticos de cualquier partido son:

·        Impulsar e incrementar el voluntariado
·        Incrementar las donaciones individuales, empresariales y gubernamentales dirigidas a organizaciones sin fines de lucro
·        Fortalecer el sector filantrópico mediante capacitaciones, talleres, cursos, seminarios, encuentros, etc. (Aún cuando ya se han dado tanto por gobierno como por organizaciones privadas), todavía falta desarrollar una estrategia nacional que involucre también a universidades públicas y privadas)
·        Facilitar la participación cívica desde la escuela con esquemas de correlación y corresponsabilidad para crear y preservar los bienes públicos
·        Motivar la creación de un número mayor de fundaciones de todo tipo (empresariales, independientes, familiares y comunitarias)
·        Mejorar el régimen fiscal y legal del sector filantrópico, por ejemplo, falta adecuar la Ley Federal del Impuesto Sobre la Renta para incluir otras causas sociales como derechos humanos, ecología y promoción de participación ciudadana para que sean donatarias
·        Alinear una política de verdaderos subsidios y apoyar el otorgamiento de servicios adicionales a los públicos desde una administración no lucrativa
·        Fomentar los programas peso por peso en toda la federación 
·        Coadyuvar a la difusión de los servicios y actividades de las organizaciones filantrópicas y programas de responsabilidad social empresarial por ser de interés público
·        Facilitar la constitución de organizaciones de servicios y fundaciones
·        Fortalecer la investigación sobre el sector, lo que ya viene haciendo la cuenta satelital para organizaciones sin fines de lucro del INEGI, pero es necesario afinar instrumentos de medición de impactos y horas de trabajo voluntario aportadas

Estas ausencias y deficiencias explican por qué el número de fundaciones empresariales y de organizaciones filantrópicas es tan bajo en México. El número de instituciones fundacionales donantes (donde se incluyen a instituciones empresariales, familiares, comunitarias e independientes) no supera siquiera las 500 en todo el país.

Sin embargo, afortunadamente en las circunstancias de nuestro país, existe la libertad para crear fundaciones; las empresariales cada vez cobran mayor relevancia y su existencia permite grandes beneficios para las corporaciones, pero también para el sector filantrópico, lo que será tema de una futura colaboración. Mientras tanto es necesario reflexionar que alentar la creación de fundaciones empresariales no ha sido una labor provocada por el estado.

Desde el Consejo Directivo

Soriana se ha solidarizado una vez más con la Fundación Ale. Gracias a su programa de redondeo recién otorgó un donativo por 150 mil pesos, los cuales apoyarán la operación de cataratas en Torreón. Cada cirugía cuesta alrededor de 16 mil pesos y gracias a ello, muchas personas podrán volver a ver sin problemas. Los clientes de esta cadena comercial son patrocinadores de cambios de vida.

A propósito de la nota publicada ayer en el boletín de Expok publicada originalmente en el periódico español El País, “¿Filántropos o evasores de impuestos?” de la pluma de Walter Oppenheimer; nuestro consejero presidente señala que justo este tipo de artículos perjudica al sector filantrópico de cualquier país, pues a propósito de la necesidad de crear confianza en él, con estos puntos de vista como los de Oppenheimer se consigue lo contrario.

Por lo anterior durante la junta de Consejo Directivo nuestro presidente señaló que en México, de acuerdo a la ley del ISR, un donante individual o empresarial sólo puede donar hasta el 7% de sus utilidades o ingresos del año fiscal inmediato anterior, lo que derrumba la idea de que una persona deducirá al 100% el dinero que done y dejaría de pagar impuestos. Será necesario referirnos a los marco fiscales británico y español para conocer las limitantes hacendarias al respecto y no pensar que en realidad se evaden impuestos donando más dinero de lo que ingresan en un año.  

Carlos Fuentes y la Sociedad Civil organizada




Power to the people
John Lennon

En agradecimiento a
 Manuel Ortiz Escámez

Por: Emilio Guerra Díaz

Como Jorge Luis Borges, Fuentes no recibió el Nobel de Literatura. La academia quiso mirar hacia escritores no tan eruditos y obra no tan basta como la de estos dos genios latinoamericanos. Quizá por sus posturas políticas. Como la pena de muerte, ese oprobio (por la no asignación del galardón) no tiene marcha atrás. Arrepentirse no tiene sentido. En cambio recordar y re-aprender de las lecciones dictadas por el Maestro Fuentes es mejor. Alguien le preguntó: “¿Y el Nobel, Maestro? Él respondió: “al dárselo a Gabo, me lo dieron también”.

Fuentes fue un excelso novelista pero su obra ensayística también no tiene desperdicio y como señaló Federico Reyes Heroles en sus funerales al ser un mexicano universal, ocupado de impulsar el desarrollo de la sociedad civil, “encarnó la convicción de llevar México al mundo y traer más mundo a México”, en literatura, cultura, vida cotidiana y responsabilidades cívicas.

Su visión respecto no a la “Sociedad Civil”, sino a las sociedades civiles que co-habitan en una comunidad con un pie en el modernismo y otro en la tradición; como un poder que en América Latina estaba en ciernes, estimuló a muchas personas a consagrar su vida profesional a esta labor, en lo personal a mi#### desde el valor de la filantropía, parte integral del denominado Tercer Sector. 

Como crítico pero más como un hombre de profunda y larga visión, dedicó parte de su trabajo político a enseñarnos a ser ciudadanos. Amigo de Don Manuel Arango fue invitado a participar como consejero en el Centro Mexicano para la Filantropía.

Desde la tribuna de la sociedad civil pugnaba porque ésta se organizara y viese su propia riqueza en la diversidad, la pluralidad y la confluencia de puntos de vista distintos, contrarios, antagónicos pero propositivos, creativos, generadores de participación que nos llevasen de un estadío de súbditos a otro superior para que como ciudadanos nos humanizarnos más.

Participó como orador, guía y faro del desarrollo de la sociedad civil en varios foros y encuentros nacionales e internacionales. Fuentes compartió su visión en alguna reunión anual del Cemefi (2001), pero también en algún Encuentro Iberoamericano del Tercer Sector (Argentina, 1998).

Nos legó su visión de la sociedad civil en varios textos de sus conferencias, ensayos y artículos periodísticos, por citar algunos: “Tres discursos para dos aldeas” (Fondo de Cultura Económica, 1993); “Por un Progreso Incluyente” (Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, 1997) -libro que por cierto, es el único que tengo autografiado por Don Carlos, gracias a mi queridísimo amigo Manuel Ortiz Escámez, actualmente un brillante profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM-; el apartado Sociedad Civil en “En esto creo” (Seix Barral, 2000); “Impacto Social y Económico de la Acción Solidaria en México” (Conferencia, 2001); “Los Cinco soles de México” (planeta, 2002) , etc.

La sociedad civil (siempre en plural) es vista por Fuentes como un medio para enfrentar los desafíos locales y aminorar las desigualdades sociales resultado de la globalización. Su fortaleza consiste en dar cabida y desarrollar a las organizaciones de la sociedad civil, un sector pequeño en relación a la proporción que éste tiene en países desarrollados de occidente. Por ello siempre se le escuchaba citar a Alexis de Tocqueville.  

Así, en Buenos Aires, advirtió que el siglo XXI sería el inicio del surgimiento y consolidación de la sociedad civil organizada, en particular, espacio donde las mujeres habrán de liderar y protagonizar cambios sociales tendientes a la humanización, la fraternidad y un lugar para cada cual.  ¿Por qué por las mujeres? Porque tradicionalmente han venido desempeñando sin reconocimiento alguno tareas de gestoría, altruismo, economía informal, etc. lo que les hace verdaderamente los pilares de las familias en Latinoamérica.

En 2001 ante las organizaciones convocadas por el Centro Mexicano para la Filantropía en su Reunión Anual dijo: “La función del tercer sector, lo saben todos ustedes, es reanimar los valores del trabajo, la salud, la educación y el ahorro, es decir, devolverle su centralidad al capital humano.  ¿Es posible entonces socializar la economía global?  Yo creo que sí, por más arduo y exigente que sea el esfuerzo”.

En Cinco Soles escribió: “Estamos pasando rápidamente del concepto de población al de ciudadanía. Estamos trasladando nuestra cultura, nuestra pasión, nuestra historia, nuestro amor a las organizaciones de la sociedad civil, a los grupos ecológicos y de derechos humanos, a los sindicatos obreros y a las cooperativas agrarias, a las universidades y a la prensa, a los grupos empresariales y a las asociaciones de barrio”.

En el ensayo Por un Progreso Incluyente expresó: “En América Latina, el tercer sector se ha venido organizando con independencia a fin de atender los vacíos, tomar las iniciativas y trascender las ideologías de los otros dos sectores, dándole a la gente voz pública más allá de la política partidista”.

Justo este lunes 21 y martes 22 de mayo se está llevando a cabo el I Congreso de Sociedad Civil para proponer una agenda sobre diversos temas de interés para las organizaciones del tercer sector que serán presentadas a los 4 candidatos a la presidencia de la República. Se puede seguir las deliberaciones por Internet.

El evento que sentará bases para una relación mucho más productiva para el interés público lo cual se fundamenta en esta afirmación carlista “a veces, donde la burocracia es ciega, la sociedad civil identifica con seguridad y velocidad mayores las necesidades del desarrollo, los problemas de la aldea olvidada, del barrio invisible, de la mujer que es trabajadora y madre”. Y otras veces, donde la empresa privada sólo observa la ausencia de lucro, el sector social descubre o inventa las mejores maneras de emplear los recursos locales, poniendo en marcha actividades que le permiten a los pobres ayudarse a así mismos, guarderías, cooperativas, sistemas e crédito, medicamentos y médicos compartidos, limpia y aseo personales y públicos, apoyo a la escuela y donde no la hay, alfabetización de casa en cas si es preciso. Círculos de lectura e impulso al teatro popular…” 

En su libro En esto Creo, señala sobre sociedad civil: “Tiene como función socializar tanto el sector público como al sector privado -iría más lejos: Los debe colonizar-; pero debe saber –la sociedad civil- que ella misma es constantemente colonizada por el estado y por la empresa… La sociedad civil necesita el techo protector de la democracia y la savia nutricia de la raíz cultural”. 

La idea de la utilidad de sociedad civil es para Fuentes trabajar para que en América Latina se establezca un progreso incluyente. Mucho de este trabajo social debe iniciar en las instancias de educación (formal y no formal) como son la escuela y las organizaciones de sociedad civil. Su función es motivar una ciudadanía (en palabras del escritor) con un “concepto de politización, trasladándolo del concepto de poder sobre la gente al de poder con la gente”.

Un tipo de instituciones que integran al tercer sector es la fundación empresarial, instancia que crea lazos de inversión social entre beneficiarios, organizaciones operativas, autoridades públicas, líderes comunitarios y otras fundaciones y financiadoras. Mientras contemos con un mayor número de fundaciones empresariales que realmente financien proyectos para el desarrollo comunitario,  la empresa estará aportando una parte de su benigna colonización del progreso incluyente fuentesiano donde confluye el talento empresarial con las iniciativas ciudadanas harto innovadoras.


Desde el Consejo Directivo

Un consejero recordó que quien desee conocer a profundidad el texto del discurso de Carlos Fuentes en la reunión anual del 2001 del Centro Mexicano para la Filantropía, lo solicite al Centro de Información Filantrópica que obra en su colección de Memorias.

Otro más señaló que si deseamos honrar al escritor debiésemos leer sus ensayos y novelas. Y otro más señaló también que podemos recordarlo haciéndonos voluntarios, participando activamente dentro de organizaciones civiles, que un corazón participativo sea un condominio donde hay un tiempo para promover y disfrutar la cultura, un tiempo para los deberes cívicos al ayudar a quien está en situación de desventaja, un tiempo para participar en la asamblea de la colonia o barrio, un tiempo que dedicar a la iglesia y otro más para la asociación de padres de familia…  

Hoy es sin duda un tiempo de participación y dejar de ser espectador. Los cambios sociales habrán de entenderse como la demanda que hace el bienestar y progreso para que todos nos asumamos como ciudadanos artífices de los bienes públicos y no le confiramos esa responsabilidad sólo al estado (ni a sus partidos políticos, ni funcionarios) ni a la empresa.

Sociedad Civil: Los cómos son la esencia


La pasada fue una semana de intensa actividad de la sociedad civil. Diversas organizaciones se reunieron para participar en la I Cumbre Ciudadana para Construir un México Pacífico y Justo que tuvo como objetivo elaborar propuestas para una mejor relación de las organizaciones civiles con el sector público y presentarlas a los 4 candidatos presidenciales. Ha sido la primera vez que esto ocurre en el país y ojalá sea una práctica común de aquí en adelante en cada elección federal y estatal que involucre también a aspirantes a cargos legislativos porque la participación de la ciudadanía organizada conviene a todos.

Después de escribir “Carlos Fuentes y la Sociedad Civil organizada” en la colaboración anterior, algunos lectores con gran razón me han demandado abordar los sucesos de este encuentro.

Buena disposición tuvieron los candidatos para recibir los temas que conforman la agenda pública de temas de sociedad civil, pero uno de ellos, Gabriel Quadri, “metió las patas” al referirse al trabajo de las OSC. Lejos de juzgar sus decires, es mejor comprender que lo expuesto en la reunión por el candidato de Nueva Alianza conforma la percepción que tienen muchas personas en el país sobre este sector, incluso muchos funcionarios públicos, líderes políticos y autoridades diversas.

También hay que reconocer que gran parte de la visón que se tiene de las organizaciones como entidades contestatarias (que se oponen o protestan por todo lo establecido) se tiene bien ganado por los medios que se eligen para ser escuchadas por la autoridad: Críticas, plantones,  cierre de calles, marchas que se tornan violentas, discursos llenos de rencor, ira, escarnio,  etc. 

A muchos sorprendió la actuación de Quadri, no sólo por lo que dijo y la forma como lo expresó, sino porque en teoría su trayectoria profesional ha estado muy cercana a estas organizaciones, incluso hasta ha sido beneficiario indirecto por alguna organización, sobre todo en su trabajo contra el cambio climático. Don Gabriel, en tono regañón, exigió que las organizaciones civiles dejen de plantear los problemas del país y mejor empiecen a decir cómo pueden solucionar (Milenio, mayo 22).

Los comentarios que despertaron mayor molestia en el auditorio fueron: “La sociedad civil organizada debería concentrarse de manera tangible, en los cómos, no sólo en los qué. Hablar de estrategias, planes está bien, pero hay que decir cómo, con demandas concretas para forzar a los gobiernos, a los candidatos, legisladores a tomar decisiones” (Provincia, mayo 22). 

En realidad la lógica del trabajo de las organizaciones civiles no lucrativas de todos los campos de acción se fundamenta en desarrollar cotidianamente “cómos”. En algunos cursos que imparto sobre desarrollo institucional de organizaciones civiles, voluntariado y fortalecimiento de Consejos Directivos me apoyo en la siguiente lámina:




En ella se puede observar que toda organización civil nace por la preocupación por resolver una adversidad. Los que participan en realidad son voluntarios. El problema es el gran motivador para el arranque de toda iniciativa civil.

El primer esfuerzo de esos voluntarios consiste es buscar soluciones y cuando se tienen las alternativas para abordar esa problemática, entonces se genera una serie de servicios.

Lo que une al problema con la solución son “los cómos”, es decir, lo que en administración se conoce como los Know how; mientras que lo que une a la solución con el servicio es el valor agregado que ofrece la institución. Ésta es la vida cotidiana de una organización civil.

Cuando el personal de una organización une estos 5 elementos (problema, solución, servicio, cómo hacerlo y valor agregado), entonces está en condiciones de elaborar un proyecto susceptible a recibir financiamiento porque invertirá recursos para solucionar problemas sociales.

Ahora bien, todo proyecto será más exitoso en mayor medida en la que involucre a los beneficiarios como parte de la solución para crear un círculo virtuoso que motive otros efectos de fortalecimiento comunitario.

Durante el encuentro, Gabriel Quadri señaló que “la sociedad civil en México es muy débil, y está acostumbrada a recibir todo por parte del estado, a través de canonjías…” Abundó “somos cuna sociedad que no ha adquirido capacidades de autonomía, que no ha sido capaz históricamente de construir esas redes de cooperación social para mejorar, para ir más allá de lo que los gobiernos pueden ofrecer. Somos una sociedad poco participativa que poco construye al bienestar común, que pocas veces construye, se organiza, coopera” (El Universal, mayo 22).

Sobre el financiamiento de las OSC habrá que compartir con Quadri que hay estudios que revelan que en México (como en la mayor parte del mundo), estas instituciones tienen como principal fuente de financiamiento las aportaciones que reciben por cuotas, membresías y servicios. Las personas mantienen a sus organizaciones. Las aportaciones que las organizaciones civiles reciben por parte de gobiernos son marginales. 


Ahora bien, sobre la visión de Quadri sobre su comentario que las OSC no han sabido trabajar en red, también se tambalea ese argumento, pues al menos en los últimos diez años el sector ha creado diversas redes temáticas de trabajo. Así uno puede conocer algunas iniciativas como: Red por los Derechos de la Infancia, Red por el Adulto Mayor, Red  Universitaria para la Prevención y Atención de Desastres, Alianza Mexicana de Voluntariado, Red por la Educación, Red por la infancia y la adolescencia, por citar tan sólo algunas.

En el mar de las organizaciones civiles también existen sirenas que tratan de seducir a los ciudadanos para ser conducidos a aguas dominadas por el sector político. Por ello hoy, en estas elecciones, muchos aspirantes a un cargo de representación en forma oportunista, se auto nombran “candidato ciudadano”. Por mi parte siempre apuesto a la autonomía entre sectores, pues estimo que más avanzaremos si el sector ciudadano se fortalece y sea capaz de limitar el poder político, o quizá deba decir, de los partidos políticos. Hasta ahora nuestros gobiernos se sirven de la ciudadanía. Al organizar y fortalecer a la sociedad civil (en plural, sociedades civiles), contaremos con muchos más recursos para lograr que los políticos sirvan a la sociedad.

La I Cumbre Ciudadana para Construir un México Pacífico y Justo presentó una Declaración a los candidatos, misma que recibió Quadri, con los ejes estratégicos, que vale la pena citar a continuación (y que fueron publicadas en periódico Reforma y otros medios, mayo 22):

Para fortalecer a la sociedad civil organizada en México:

·        Que los contribuyentes decidan un porcentaje de sus impuestos para ser destinados a una OSC de su preferencia y que el SAT elimine el límite de 7% de deducibilidad por donativos.
·        Armonizar y homologar el marco fiscal y demás ordenamientos jurídicos con la Ley de Fomento para facilitar la creación, desarrollo y sostenibilidad de las OSC.


Reforma Política y Participación ciudadana:
·        Reducción al financiamiento de partidos políticos proporcional a la cantidad de votos válidos obtenidos, independientemente del número de ciudadanos registrados en el padrón electoral.
·        Reelección consecutiva de legisladores y acotada a un segundo periodo en el caso de Alcaldes y jefes delegacionales.
·        Reformar el marco jurídico que rige a los partidos políticos para garantizar que sean sujetos obligados de transparencia y rendición de cuentas.

En inclusión. Cohesión Social y Comunitaria:

·        Mecanismos de acción pública, privada y civil -universal y focalizada- que incluyan la participación de las diferentes comunidades.
·        Desarrollar una política de Estado plural, transversal con perspectiva de derechos humanos y juventudes para atender las necesidades de esta población, que contemple la participación activa de sus destinatarios
·        Creación de una instancia rectora de políticas públicas, con presupuesto suficiente, para la protección de los derechos de la infancia.

Transparencia, rendición de cuentas, acceso a la información y medios:

·        Expedir una Ley General de Transparencia y Acceso a la Información en la que se establezca la regulación mínima que deberán observar las instituciones públicas de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de los tres órdenes de Gobierno, los órganos constitucionales autónomos y las entidades de interés público como los partidos políticos, los sindicatos y fideicomisos que reciben recursos públicos, así como instituciones de educación superior.
·        Realizar una reforma legislativa que limite los monopolios en los medios de comunicación y las telecomunicaciones, fomente el pluralismo con medios públicos, indígenas, sociales y comunitarios, la transparencia y la calidad de contenidos en los medios de comunicación.

Seguridad Ciudadana y Derechos Humanos:
·        Generar una estrategia para que la seguridad pública sea administrada por cuerpos y elementos de seguridad preparados para esas funciones; creando una Auditoría Civil para esta materia como parte de la función de fiscalización de los órganos legislativos.
·        Hacer efectiva una política nacional de derechos humanos, de conformidad con la reforma constitucional en la materia, incluyendo mecanismos que garanticen su aplicación.
·        Aprobar la iniciativa de Ley de Amparo.
·        Revisar la política de drogas en el País dado el impacto que tiene en la delincuencia organizada y la seguridad pública.


Desde el Consejo Directivo

Para continuar con los esfuerzos de sensibilizar a los políticos sobre la necesidad de fortalecer a la sociedad civil este lunes 28 el movimiento de Javier Sicilia recibió a los 4 candidatos presidenciales. Ojalá pronto se comprenda que se busca aportar otras visiones para resolver problemas comunes.

El Consejo Directivo acordó felicitar a la Fundación ABC y a Cristina Herrera Jaimes, quien además de ser Gerente Campañas Permanentes de esa institución, es miembro de la Association for Fundraising Professionals, ya que presentaron los resultados de su “Campaña Imagina” para obtener fondos para crear el Centro de Cáncer ABC, la cual fue todo un éxito.