El
caso de Walmart ha destapado diversos comentarios y en una plática de sobremesa
un amigo me hizo ese cuestionamiento ¡Puede una fundación empresarial
contribuir a quitarle esas presiones a las empresas?
Una
nota periodística señala que ciertas empresas “ven dañada su reputación por
pagar sobornos y sacar adelante sus negocios”.
El presidente Calderón expresó hace unos días que se sentía “indignado”
con la actitud de la empresa Walmart. Pero para bailar, se necesitan dos. Yo,
hoy como muchos, también nos sentimos indignados pero sobre todo con las
autoridades públicas.
No
es propósito de estas líneas defender a ninguna empresa, sino más bien tratar
de sacar del círculo de confort a quienes como autoridad pública deberían estar
trabajando para facilitar procesos que generen empleo que tanta falta hace para
los mexicanos y disminuir aquellas nefastas prácticas.
Felipe
Calderón llegó a las elecciones de hace 6 años con el mote promisorio de que
sería el “presidente del empleo” y para lograrlo había que facilitar los
procesos de apertura de negocios, de expansión empresarial a todos los niveles,
micro, pequeña, mediana y gran empresa. Una de las principales banderas que
debiesen a mi juicio enarbolar era precisamente crear condiciones para
aperturar negocios lo más rápidamente posible, cerrando el paso a cualquier
tentación.
Quienes
crean empleos son los empresarios. Desafortunadamente otras ocupaciones
distrajeron al presidente Calderón de trabajar en ese propósito y las empresas
en México enfrentan, al igual que ciudadanos en diversas actividades, los
obstáculos que se ponen y que toman forma de diversos trámites, muchos de ellos
exageradamente largos, complicados y absurdos (los habitantes del DF vivimos
recientemente la lata de tramitar la renovación de la tarjeta de circulación
con chip que condicionó la exención del pago del impuesto de la tenencia
vehicular. Nuevo trámite, nuevas posibilidades de corrupción. Incluso, recuerde
el lector que la licencia vehicular permanente fue cancelada por la actual
administración). La ausencia de una simplificación administrativa ha sido
condición y la base para que germinen las prácticas de corrupción presentes en
todos los gobiernos y a todos sus niveles y desde luego, de cualquier partido
político. Ninguno se salva.
Algunos
analistas políticos (por ejemplo los que participan en “El Centro del Debate”,
canal 4, domingos 11:00 horas), señalan con justa razón que lamentablemente los
escándalos de corrupción que salen a la luz no son resultado de una concienzuda
investigación y labor de escaneo de nuestras autoridades, sino que han venido
del exterior. Sólo dos casos ejemplifican esto: El caso de la Comisión Federal
de Electricidad (Néstor Moreno Díaz) y el caso Walmart; ambos señalados desde
Estados Unidos, el último de ellos por The New York Times. Lo que revela que en nuestro país no se hace
la tarea.
Parte
de la autoevaluación que hacen las empresas para considerar si su actuación es
socialmente responsable tiene que ver con las prácticas de Gobierno
Corporativo, donde se incluyen código de ética, relación con grupos de interés
y prácticas anticorrupción, mismas que se enfatizan también dentro del Pacto
Mundial. Pero en diversas ocasiones el mundo real, los escollos erigidos y la
falta de rapidez de actuación en los mecanismos para denunciar que se han
desarrollado en la Secretaria de la Función Pública, perpetúan estas prácticas.
Que yo sepa la expansión de Walmart se ha dado en diversos estados de la
república bajo el gobierno de los 3 principales partidos políticos.
Ahora
bien, ¿cómo podrían ayudar las fundaciones empresariales al negocio en relación
a las prácticas anticorrupción?
Conozco
un caso ejemplar de disminución prácticas de corrupción de una fundación
empresarial, de quien no tengo autorizado revelar nombre ni detalles, pero que
en su afán de mejorar condiciones de los servicios públicos que ofrecían a sus
clientes se requerían de permisos y acción directa de autoridades municipales,
pero pedían una gratificación por adelantado para negociar con el cabildo a fin
de obtenerla firma necesaria y los permisos para empezar los trabajos.
La
fundación intervino y luego de analizar el caso, propuso a las autoridades
superiores establecer una alianza ganar-ganar donde se pedía el favor de
liberar los permisos pues en última instancia la comunidad sería la
beneficiaria. Las autoridades intervinieron y resolvieron los trámites sin
recibir beneficio económico alguno. La fundación empresarial en cambio, acabó por invertir un monto similar a la
“atenta solicitud de aquella gratificación” en proyectos sociales.
Bien
administrada y sobre todo involucrada en las necesidades del negocio, una
fundación empresarial resulta ser un gran aliado contra esas tentaciones.
Desde
el Consejo Directivo
Novartis
celebró el pasado 27 de abril a nivel mundial el Día de la Solidaridad. La
firma estimuló la participación de colaboradores de 54 países para ser
voluntarios para faenas de saneamiento ambiental, actividades medioambientales
y culturales. Los voluntarios españoles fueron los más activos del total de 25
mil personas de todas las naciones que se involucraron, mientras que México,
según los datos periodísticos, sumó 150 colaboradores. Da gusto ver que las
actividades del voluntariado corporativo van en aumento.
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