El
periódico El Economista publicó la semana pasada una nota de interés para el
tema de Responsabilidad Social Corporativa y el desarrollo y crecimiento del
sector fundacional en el país. En ella se anotaba que especialistas habían
coincidido que el tema de la Responsabilidad Social Corporativa no está
francamente presente en la agenda de las campañas políticas de los 4 candidatos
a la presidencia de la República, que no lo habían hecho explícito en el debate
que sostuvieron. Afirman, además con razón, que ni siquiera la RSC aparece en
las plataformas de los partidos.
Apostar
a crear confianza
Una
responsabilidad de cualquier gobierno independientemente de su orientación
ideológica sería fortalecer tanto al sector empresarial como al ciudadano. Hemos
visto desfilar en la administración pública a distintos políticos de todos los
partidos y aún cuando no podemos tener el arrebato de incluirlos a todos en la
misma actitud respecto al sector filantrópico, sí hay coincidencias y
particularidades.
Dentro
de las coincidencias, los funcionarios públicos estiman que el sector
filantrópico representa una actividad marginal. Lo es, pero no por que esa sea
su naturaleza, es pequeño justo por la ausencia de un marco legal y fiscal
promotor. Es marginal porque no hay una corresponsabilidad entre el número de
instituciones y los 113 millones de habitantes.
Otra
coincidencia es que muchos administradores públicos estiman, seguramente por
desconocimiento, que “las organizaciones filantrópicas desvían” recursos (vía
donativos) que deberían de llegar a las arcas hacendarias. No consideran que la
existencia de organizaciones filantrópicas además de ser recursos adicionales,
también generan distintos impuestos, pero sobre todo generan empleos formales.
También
se coincide en pensar que la filantropía y los programas de responsabilidad
social corporativa tienen una inspiración primordialmente asistencial, cuando
no se observa la parte de desarrollo que es fundamental para apoyar e impulsar
a las comunidades. La filantropía de desarrollo busca dotar de herramientas,
habilidades y conocimientos para que la gente se parte de la solución y sea
capaz de ser independiente.
Existen
diferencias partidistas respecto a la filantropía. Así por ejemplo, a reserva
de que mi comentario no sea considerado como una generalidad, muchos militantes
perredistas declaran que el sector filantrópico no debería existir pues ciudadanos
a través de esas acciones están sustituyendo las responsabilidades que debiese
asumir sólo el estado.
Para
algunos miembros del blanquiazul (y nuevamente pido disculpas si se piensa que
deseo caer en la tentación de generalizar), la filantropía es deseable siempre
y cuando no represente un poder en si mismo y no sean demandantes de recursos
públicos, porque los que ya existen, no alcanzan para todo.
Sobre
la trayectoria del Partido Revolucionario Institucional en su relación con la
filantropía y otros movimientos ciudadanos independientes, recordará el lector
que la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, tuvo como misión
corporatizar a todas las instituciones, colegios de profesionistas, sindicatos,
asociaciones vecinales, comunitarias, etc. al partido para facilitar su
maniobra y control político.
Por
lo anterior, es fácilmente comprensible que no existe una promoción de estado
para la creación, mantenimiento e incremento de la confianza pública en el
sector filantrópico.
Algunos
temas de interés para la sociedad civil y para la empresa en materia de RSC que
deberían estar incluidos en el interés de los políticos de cualquier partido
son:
·
Impulsar e
incrementar el voluntariado
·
Incrementar las
donaciones individuales, empresariales y gubernamentales dirigidas a organizaciones
sin fines de lucro
·
Fortalecer el
sector filantrópico mediante capacitaciones, talleres, cursos, seminarios,
encuentros, etc. (Aún cuando ya se han dado tanto por gobierno como por
organizaciones privadas), todavía falta desarrollar una estrategia nacional que
involucre también a universidades públicas y privadas)
·
Facilitar la
participación cívica desde la escuela con esquemas de correlación y
corresponsabilidad para crear y preservar los bienes públicos
·
Motivar la
creación de un número mayor de fundaciones de todo tipo (empresariales,
independientes, familiares y comunitarias)
·
Mejorar el
régimen fiscal y legal del sector filantrópico, por ejemplo, falta adecuar la
Ley Federal del Impuesto Sobre la Renta para incluir otras causas sociales como
derechos humanos, ecología y promoción de participación ciudadana para que sean
donatarias
·
Alinear una
política de verdaderos subsidios y apoyar el otorgamiento de servicios
adicionales a los públicos desde una administración no lucrativa
·
Fomentar los
programas peso por peso en toda la federación
·
Coadyuvar a la
difusión de los servicios y actividades de las organizaciones filantrópicas y
programas de responsabilidad social empresarial por ser de interés público
·
Facilitar la
constitución de organizaciones de servicios y fundaciones
·
Fortalecer la
investigación sobre el sector, lo que ya viene haciendo la cuenta satelital
para organizaciones sin fines de lucro del INEGI, pero es necesario afinar
instrumentos de medición de impactos y horas de trabajo voluntario aportadas
Estas
ausencias y deficiencias explican por qué el número de fundaciones
empresariales y de organizaciones filantrópicas es tan bajo en México. El
número de instituciones fundacionales donantes (donde se incluyen a
instituciones empresariales, familiares, comunitarias e independientes) no
supera siquiera las 500 en todo el país.
Sin
embargo, afortunadamente en las circunstancias de nuestro país, existe la libertad
para crear fundaciones; las empresariales cada vez cobran mayor relevancia y su
existencia permite grandes beneficios para las corporaciones, pero también para
el sector filantrópico, lo que será tema de una futura colaboración. Mientras
tanto es necesario reflexionar que alentar la creación de fundaciones
empresariales no ha sido una labor provocada por el estado.
Desde
el Consejo Directivo
Soriana
se ha solidarizado una vez más con la Fundación Ale. Gracias a su programa de
redondeo recién otorgó un donativo por 150 mil pesos, los cuales apoyarán la
operación de cataratas en Torreón. Cada cirugía cuesta alrededor de 16 mil
pesos y gracias a ello, muchas personas podrán volver a ver sin problemas. Los
clientes de esta cadena comercial son patrocinadores de cambios de vida.
A
propósito de la nota publicada ayer en el boletín de Expok publicada
originalmente en el periódico español El País, “¿Filántropos o evasores de
impuestos?” de la pluma de Walter Oppenheimer; nuestro consejero presidente
señala que justo este tipo de artículos perjudica al sector filantrópico de
cualquier país, pues a propósito de la necesidad de crear confianza en él, con
estos puntos de vista como los de Oppenheimer se consigue lo contrario.
Por
lo anterior durante la junta de Consejo Directivo nuestro presidente señaló que
en México, de acuerdo a la ley del ISR, un donante individual o empresarial
sólo puede donar hasta el 7% de sus utilidades o ingresos del año fiscal
inmediato anterior, lo que derrumba la idea de que una persona deducirá al 100%
el dinero que done y dejaría de pagar impuestos. Será necesario referirnos a los
marco fiscales británico y español para conocer las limitantes hacendarias al
respecto y no pensar que en realidad se evaden impuestos donando más dinero de
lo que ingresan en un año.
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