El
sector filantrópico de cualquier país genera y contribuye al engrandecimiento
del capital social de su comunidad, fungiendo como recursos adicionales a los
públicos y privados para el desarrollo social. No sólo el financiamiento de las
fundaciones empresariales es fundamental para este fin, sino todo el trabajo
voluntario más los bienes y servicios que ofrecen todas las organizaciones
filantrópicas forman parte del capital social cuya utilidad pública es atender
necesidades sociales y brindar alternativas de atención comunitaria.
Definir
al capital social en toda América Latina ha resultado una tarea además de
apasionante, harto compleja. Aún no existe una definición amplia que satisfaga las
variadas perspectivas y énfasis que cada autor o investigador desea exaltar
como atributo de aquel. Algunos ponen
atención en la acción ciudadana como tal, a la participación de particulares en
los asuntos públicos (y desde luego en los políticos), para ellos contar con un
mayor capital social significa mayor independencia del sector ciudadano
respecto al público y al privado.
Para
otros, el capital social es resultado del desarrollo de la económica no
lucrativa, esto es, la convivencia de una serie de bienes y servicios que se
dan en la lógica del mercado y que pueden ser ofrecidos por el sector público o
privado pero conviven con los que ofrecen las organizaciones civiles que no
buscan ganancia alguna pero sí resultan ser medios para la atención de
necesidades ciudadanas que son descuidadas o poco abarcadas por los otros
sectores porque no son políticamente atractivos o rentables económicamente
hablando.
La
variedad de definiciones de capital social se refleja incluso cuando se busca
explicarla desde el punto de vista cultural. Una serie de elementos confluyen
para enriquecer y tener definiciones sobre lo que es. Si se aborda la tradición
europea (e incluso la norteamericana) emergen como elementos fundamentales para
la explicación del capital social, la influencia de las distintas corrientes
religiosas. Para algunos sociólogos el protestantismo jugó un papel
determinante y diferenciador del desarrollo de la filantropía y la
participación ciudadana en asuntos de interés comunitario y público.
Desde
la óptica latinoamericana, las formas comunitarias de organización ciudadana y
su relación con el poder determinaron la creación de bienes públicos. Así la
Iglesia fue protagonista en proporcionar satisfactores como educación,
instrucción, preparación de oficios, etc. El algunos países coexistió con el
poder, en otros se busco supeditarla, pero nadie puede negar su gran peso en la
creación y desarrollo de iniciativas filantrópicas.
Otros
estudiosos del tema, en su intento por definir capital social, convocan a las
aptitudes y actitudes sociales, culturales y psicológicas que tienen los
ciudadanos respecto a lo público, en el juego conceptual de que “lo público” es
de todos, el resultado es que entonces “no es de nadie” y por lo tanto los
ciudadanos lejos de ser custodios y generadores de más bienes públicos través
del trabajo asociado, solo se quedan como espectadores y demandantes al
gobierno de satisfactores sociales argumentando que es obligación del estado
(exclusivamente) brindarlos. Se tienen
así sociedades pedigüeñas, pasivas y demandantes lo que les hace terreno fértil
para la siembra y cosecha de liderazgos basados en el populismo y por
consecuencia, se distorsiona la idea que tienen estos individuos respecto a la
participación en lo público.
En
fin, como se puede advertir, definir capital social es un reto muy atractivo,
complejo y apasionante. Sin embargo para fines de este artículo brindaremos una
definición que nace desde la perspectiva del aporte del sector filantrópico, lo
cual desde luego ya establece un sesgo, pero tiene fines prácticos y
didácticos.
Entendemos
por capital social todos aquellos bienes y servicios que nacen de la
participación ciudadana organizada (donde el voluntariado es fundamental) en
instituciones sin fines de lucro que complementan a los que son proporcionados
por los sectores público (gobierno) y privado (empresas) y que tiene su propia
lógica, basados en la economía no lucrativa pero que genera una serie de medios
que contribuyen a que las comunidades cuenten con un patrimonio alterno cuyo
objetivo es que continúe con su reproducción para presentarse como una
alternativa frente a los otros dos sectores.
La
falta de reflexión respecto al capital social en nuestro país, sobre cómo se
generar, cómo se reproduce, cómo se alienta y qué beneficios reporta, ha
originado que gran parte de las instituciones que son protagonistas de su
creación, poco valoren su trabajo y sus alcances. Así, el sector público las
considera actividades económicas marginales, por un lado; y desde la misma
actividad filantrópica se diluye la visión de futuro y los cambios sociales que
puede provocar para estimular la participación ciudadana en los asuntos de
interés colectivo.
De
una manera pragmática, la idea de progreso en conjunto con el capital social
nos señala que alguien en el pasado realizó una serie de acciones sociales que
como consecuencia se tiene que las generaciones de hoy disfrutan de esos bienes
públicos y que algo tendrían que hacer para que mañana se incrementen, se
aquilaten y participen para crear más y contribuir a mejorar la calidad de
vida. Este tipo de capital revela sus rasgos fundamentales en el hecho de que
pertenece a todos pero se administra desde particulares con una dimensión
pública. Es un “patrimonio social”.
Por
lo anterior, en este artículo se estima fundamental la participación ciudadana
en forma organizada a través del voluntariado (que es el germen del capital
social) mediante su colaboración con
organizaciones filantrópicas para complementar el esfuerzo público (de
gobierno) y los servicios del sector privado (empresas lucrativas).
Cómo
se observa el capital social complementa al público y al privado y en su
dimensión social, es necesario para el desarrollo social pues se nutre de una
diversidad de enfoques para contar con distintas metodologías (incluso
opuestas) para abordar problemáticas sociales que acaban alentando la
tolerancia y participación democrática fuera de la esfera tradicional de la
política. Gracias a que el ciudadano se deja de ver “súbdito”, “pueblo”, “masa”
y asume un papel de colaboración, es como va el sector social se va
desarrollando y gana autonomía frente a los otros sectores como consecuencia
crea mayores bienes, mayor capital social.
Así,
se está en posibilidad de comprender que las fundaciones empresariales tienen
una función social y fungen como “un puente” entre la economía lucrativa de la
corporación que la ha creado y la no lucrativa en la que trabajan las
organizaciones filantrópicas. Por ello se hace necesario que aquellas trabajen
con visión de ida y vuelta. Su papel como financiador de proyectos se enriquece
cuando los consejeros están pendientes
de que la inversión social modifique, cambie o independice las iniciativas ciudadanas,
aunque no lo dicen así, están interesados en crear mayor capital social.
Desde
el Consejo Directivo
Este
domingo en las calles de la Costera de Acapulco se llevó a cabo la caminata de
5 y 10 kilómetros a favor de la Asociación Mexicana de Lucha contra el Cáncer,
la cual tuvo gran convocatoria y participación. Residentes y turistas corrieron
o caminaron para apoyar esta causa. Honda
apoyó con los vehículos de la avanzada de la carrera.
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